Lo que más "me ha gustado" es que las salas están separadas de la cafetería y los amplios jardines donde poder desconectar por un momento
Las salas de velatorio son cómodas y funcionales en cuanto a su decoración pero la de los túmulos deja mucho que desear. Parecen cámaras frigoríficas de una frutería tras ser desvalijadas.
No es complicado tapizar o forrar sus paredes, tapar de alguna forma la puerta metálica con ese picaporte industrial, ocultar o colocar mejor los cables de los velones La persona que está dentro no ve ese panorama desangelado pero quienes la velamos, sí.
Por otra parte el trato es correcto y el diácono, Eulogio, digno de mención por su cariño e implicación con las familias.
A nadie le gusta acudir a un tanatorio, pero el trato es excelente.