Vergonzoso.no me habia ocurrido nunca, tener una reserva para comer en un lugar y habiendo avisado de que nos encontrabamos tomando, en la cafeteria de su establecimiento, una cerveza, llegar a comer y nos digan que nuestra mesa la han ocupado otras personas que han llegado depues a reservar pero un poco antes a comer. Pues esto sin duda parecer ser lo mas normal en este sitio, porque tras reclamarle al encargado del comedor ha permanecido tan tranquilo y no ha buscado ni una solucion. Nos hemos tenido que ir a otro sitio.
Se encuentra en el mejor sitio del pueblo al lado del castillo. Un lugar muy acogedor con buena decoración. Sobretodo la del comedor. Y muy buen trato de los camareros
Sábanas rotas, escasez de toallas, sin toallero, camarero muy antipático, sin zumo de naranja, etc. Nada recomendable. Me deja mal recuerdo del pueblo
Pésimo todo.Servicio lento, comidas:
Patatas revolconas simples y sosas, torreznos requemados. La aceitera sucia, el vinagre lleno de mosquitos.
Ensalada de la casa,mixta, casi 10€.
Cada chusco de pan 1€.
Cochinillo asado aceptable, pero simple de sabor, guarnicion muy pobre un trozo de pimiento requemado y patatas blandas chiclosas, correosas.
Mal vino, peleón, vino la botella abierta. No hubo postre para los 6 que éramos, solo 4 flanes por los que cobraron 18,40€ .
Las copas de vino muy sucias por los bordes.
Abusivo, nada recomendable.
Nos sentamos en la terraza. Día laborable. Sólo 2 mesas ocupadas. El camarero que no viene. Pasados 10 minutos entramos y preguntamos si alguien atiende la terraza. El camarero contesta de muy malas maneras (Y eso que sólo preguntamos). Resultado: cogimos los bártulos y nos fuimos a un sitio con mejor trato. Él se lo pierde.
Quiero felicitar al dueño de tener una brillante idea de montar un hotel sobre un bar que por la noche se convierte en una casi discoteca.No hemos pegado el ojo.
La comida en el restaurante regulin , las patatas revolconas una papilla sin sabor. No recomiendo !
Estuvimos alojados dos parejas este mismo fin de semana, no había agua caliente, las toallas estaban que daban pena de lo gastadas y raidas. La cena me la sirvieron en una mesa sin mantel, y no tuvo ni la delicadeza de limpiar la mesa. El recepcionista joven es lo único destacable por su amabilidad.
El servicio es amable y hace lo que puede pero el fin de semana el sábado que estuvimos estaba el restaurante lleno y no daban a basto. La relación calidad precio no está del todo ajustada y es algo caro. El restaurante tiene una decoración rústica y parece reciente, siendo agradable. Cuenta con varios salones separados y amplios. Nos tocó el más amplio y había una celebración con muchos comensales con lo que hubo un poco de jaleo y ruido.
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