Una sorpresa extraordinariamente agradable.
Hace ya años que visité este restaurante, aunque escriba esta reseña ahora. Me encontraba viajando por España en moto y fue una parada improvisada, sin ninguna referencia previa. Recuerdo el trato exquisito que recibí por parte del camarero. Y el oasis que supusieron para mi, después de tantos kilómetros bajo el implacable sol de agosto, aquel gazpacho tan refrescante y aquel pollo tan sabroso y de estilo fresco.
Ahora, el mismo azar que me llevó a parar en ese cruce de caminos olvidado, ha obrado su magia para que yo pudiera encontrar su tarjeta de visita en el fondo de un cajón. Y así poder rememorar y compartir esta experiencia.
El 22. Que bonito recuerdo!