Estuvimos en Septiembre con bicicletas camino de la Senda del Oso.
Un hotel cuidado al detalle, de limpieza impecable, que te hace sentir como en casa, con vistas preciosas y un desayuno muy rico. Sumamente confortable y los dueños Lidia y su marido son un encanto. Guardamos las bicis al amparo de su encantador horreo y nos dieron toda clase de facilidades. Muchas gracias.
Un placer disfrutar de la tranquilidad del entorno, de lo acogedor y limpio del lugar, que tiene mucho encanto y de las atenciones de Lydia y Fernando. Nos sentimos muy bien cuidados, desayunamos de maravilla (qué tortilla, qué bizcocho.) y estuvimos muy bien informados de qué hacer por la zona y dónde comer.Volveremos encantados.Gracias.
Un alojamiento rural extremadamente limpio y decorado con mucho gusto y mimo. Los dueños fueron muy atentos e incluso nos retiraron una supletoria descontándola del precio porque no la necesitamos, a pesar de tenerla contratada. El detalle del jazz de fondo apenas perceptible en el desayuno me pareció refinadísimo. El desayuno variaba diariamente, con ingredientes de la propia huerta como la mermelada de kiwi. Y el precio, además, fabuloso aun siendo agosto
Un hotel genial con unas vistas impresionantes
Sitio estupendo con la tranquilidad de una pequeña aldea pero muy verca de Oviedo. El trato exquisito, un 10. Nos sorprendió el desayuno, totalmente casero y la amabilidad de los anfitriones. Muy recomendable.
Sencillamente encantador