La aciaga existencia de este templo se remonta al siglo XVI; desde el principio, su reedificación sobre otro gótico anterior, ya fue problemática por hundimientos sucesivos y reformas. El potente terremoto de Lisboa de 1.755 también causó daños. La invasión de los franceses causó estragos. Ya en el siglo XX un incendio importante deterioró su interior… Nuevos desplomes e intervenciones malogradas dieron al traste y terminó cerrándose el edificio.
Esta rocambolesca historia pone fin cuando se abre en 2.000 como Museo de la Semana Santa. Genial idea porque de este modo tiene aprovechamiento y esplendor este, con todos sus avatares, precioso templo.
Fuente: 'La voz de Rioseco' sep 2013.
Arte por los cuatro costados