Una antigua casona de madera con más de cien años de existencia.
Todo es antiguo, nostálgico y hermoso.
Para venir aquÃ, hay que sacar el rato, se cocina lento, con calma… pero sumamente gustoso.
No tienen Wats Up, y por alguna razón, no entra señal para el celular. Eso sÃ, mientras preparan su orden, puede contemplar a los tejedores de redes, haciendo su trabajo en el Parque Mora y Cañas.
No se oye ningún tipo de música ni TV.
La comida es deliciosa, lo más auténtico de la cuchara tica, sobre todo porteña.
Aquà el tiempo está detenido, nada se mueve… nada hace ruido. Contrario al bullicio del Paseo de los Turistas, es un lugar para la paz, el relajamiento y el disfrute de un magnÃfico desayuno tÃpico o disfrutar de delicias marinas y exquisitas carnes al almuerzo.
La última vez que estuve aquÃ, fue en el 2003; vuelvo 14 años después, y todo está igual, tal como lo vi la última vez. Nada ha cambiado, incluso, los mismos servilleteros de madera, los mismos cuadros, los mismos adornos… los mismos santos.
Definitivamente, es para turistas… no para ejecutivos.