El taller del pan ha representado una de las experiencias más bonitas no sólo porque su servicio nos permitió cumplir con un almuerzo para más de 120 personas sino por el excelente sabor de sus productos, la variedad y frescura de los mismos, y el maravilloso servicio y sentido humano de sus dueños y trabajadores.
La calidad de sus productos y amabilidad de personas que atienden
if you like fine bakery, it is
One of my favorite bakeries in town.
Linda panaderÃa, buen café y reposterÃa europea, bastante buena. El local es pequeñito y cuando pasas parece cerrado. Es difÃcil de encontrar pues no tiene un aviso adecuado.
Abundan en MedellÃn panaderÃas resplandecientes de neón y sin ninguna gracia. Por encima de ese malezal de mediocridad generalizada y muy aceptada, se yergue hermosa y contundente desde hace más de quince años la propuesta de El Taller del Pan, establecimiento donde brillan sincronizados el arte y la culinaria de calidad excelsa. Su propietaria y artÃfice tiene tanto de artista como de maestra, pues domina a cabalidad el difÃcil arte de hornear, aprendido en una de las academias más prestigiosas del mundo (The Culinary Institute of America, CIA). Desde sus inicios he presenciado con mucho gusto la evolución y constante crecimiento, en oferta y prestigio, de este taller que observa el más riguroso respeto por las recetas clásicas de la panaderÃa de diversas partes del mundo; y siempre ha sostenido en el punto más alto su calidad incuestionable.
El punto de atención al cliente es pequeño pero muy encantador y perfectamente ambientado con bellas ilustraciones en los muros que evocan referencias a queridas fábulas infantiles. Es un espacio Ãntimo y muy agradable para sosegarse deteniendo el tiempo mientras se degusta un exquisito café con un pancito de pecorino, un cruasán de almendra o un mojicón. A propósito, le debemos a este taller maravilloso el rescate en buen momento de este delicioso amasijo tan propio de nuestra tradición culinaria, pues he quedado sorprendido con un hecho que revela cuán viejo soy, ya que desde que lo descubrà aquÃ, lo he promovido con mucha gente cercana que, para mi sorpresa, declaran no conocerlo, sobre todo las personas más jóvenes. Pues que valga esta anotación para persistir en la alabanza de esta exquisita y delicada versión (elevada ahora a la categorÃa de deliciosa rareza) que ofrece El Taller del Pan, acaso la mejor que pueda uno saborear porque revive con dulzura y entrañable sentimiento uno de los recuerdos más queridos de mi lejana infancia y los algos con mi mamá, las abuelas y las tÃas.
¿Y de los panes qué? Lo mejor es ir y probarlos todos, uno por uno: la baguette sin igual que actualiza en MedellÃn toda evocación de ParÃs; la preciosa espiga que engalana cualquier mesa en que se la exponga; la adictiva ciabatta, tan exquisita como en Roma o Florencia; el adorable pan de miga, que es como el arquetipo del pan hogareño, bello y aromático como algún dÃa me lo enseñó a elaborar mi abuela; y el asombroso y riquÃsimo pan de masa madre (sourdough), tan sabroso como el ya mÃtico de San Francisco. Fue eso lo que hice en los inicios, cuando convoqué a varios amigos para armar un ágape panadero con todo el surtido del taller: la euforia fue general y desde entonces, MarÃa Adelaida y sus hermosas creaciones se ha convertido en nuestra artista favorita que nos brinda el pan nuestro de cada alegrÃa. Algún dÃa feliz y lejano tuve el raro privilegio de entrar a su taller y conocer su lÃnea de trabajo: el sentimiento que aún recuerdo es el mismo que siempre me ha inspirado el ingreso al taller de un artista: no siente uno más que sobrecogimiento, emoción y devoción por un trabajo hecho con las manos y el corazón.