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About

El Taller del Pan is a bakery, located at Cl. 23 Sur #42b 65, Envigado, Antioquia, Colombia. They can be contacted via phone at +57 4 3328939, visit their website www.eltallerdelpan.com for more detailed information.

Location :
Cl. 23 Sur #42b 65, Envigado, Antioquia
Added by Jopie, at 12 December 2015

Opening Hours

  • Monday 8:00 AM – 5:30 PM
  • Tuesday 8:00 AM – 5:30 PM
  • Wednesday 8:00 AM – 5:30 PM
  • Thursday 8:00 AM – 5:30 PM
  • Friday 8:00 AM – 5:30 PM
  • Saturday 8:00 AM – 2:00 PM
  • Sunday Closed

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6 Reviews

  • Anonymous
    29 March 2018

    El taller del pan ha representado una de las experiencias más bonitas no sólo porque su servicio nos permitió cumplir con un almuerzo para más de 120 personas sino por el excelente sabor de sus productos, la variedad y frescura de los mismos, y el maravilloso servicio y sentido humano de sus dueños y trabajadores.

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  • Anonymous
    20 March 2017

    La calidad de sus productos y amabilidad de personas que atienden

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  • Anonymous
    20 February 2017

    if you like fine bakery, it is

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  • Anonymous
    14 June 2016

    One of my favorite bakeries in town.

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  • Anonymous
    17 April 2016

    Linda panadería, buen café y repostería europea, bastante buena. El local es pequeñito y cuando pasas parece cerrado. Es difícil de encontrar pues no tiene un aviso adecuado.

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  • Anonymous
    19 December 2015

    Abundan en Medellín panaderías resplandecientes de neón y sin ninguna gracia. Por encima de ese malezal de mediocridad generalizada y muy aceptada, se yergue hermosa y contundente desde hace más de quince años la propuesta de El Taller del Pan, establecimiento donde brillan sincronizados el arte y la culinaria de calidad excelsa. Su propietaria y artífice tiene tanto de artista como de maestra, pues domina a cabalidad el difícil arte de hornear, aprendido en una de las academias más prestigiosas del mundo (The Culinary Institute of America, CIA). Desde sus inicios he presenciado con mucho gusto la evolución y constante crecimiento, en oferta y prestigio, de este taller que observa el más riguroso respeto por las recetas clásicas de la panadería de diversas partes del mundo; y siempre ha sostenido en el punto más alto su calidad incuestionable.

    El punto de atención al cliente es pequeño pero muy encantador y perfectamente ambientado con bellas ilustraciones en los muros que evocan referencias a queridas fábulas infantiles. Es un espacio íntimo y muy agradable para sosegarse deteniendo el tiempo mientras se degusta un exquisito café con un pancito de pecorino, un cruasán de almendra o un mojicón. A propósito, le debemos a este taller maravilloso el rescate en buen momento de este delicioso amasijo tan propio de nuestra tradición culinaria, pues he quedado sorprendido con un hecho que revela cuán viejo soy, ya que desde que lo descubrí aquí, lo he promovido con mucha gente cercana que, para mi sorpresa, declaran no conocerlo, sobre todo las personas más jóvenes. Pues que valga esta anotación para persistir en la alabanza de esta exquisita y delicada versión (elevada ahora a la categoría de deliciosa rareza) que ofrece El Taller del Pan, acaso la mejor que pueda uno saborear porque revive con dulzura y entrañable sentimiento uno de los recuerdos más queridos de mi lejana infancia y los algos con mi mamá, las abuelas y las tías.

    ¿Y de los panes qué? Lo mejor es ir y probarlos todos, uno por uno: la baguette sin igual que actualiza en Medellín toda evocación de París; la preciosa espiga que engalana cualquier mesa en que se la exponga; la adictiva ciabatta, tan exquisita como en Roma o Florencia; el adorable pan de miga, que es como el arquetipo del pan hogareño, bello y aromático como algún día me lo enseñó a elaborar mi abuela; y el asombroso y riquísimo pan de masa madre (sourdough), tan sabroso como el ya mítico de San Francisco. Fue eso lo que hice en los inicios, cuando convoqué a varios amigos para armar un ágape panadero con todo el surtido del taller: la euforia fue general y desde entonces, María Adelaida y sus hermosas creaciones se ha convertido en nuestra artista favorita que nos brinda el pan nuestro de cada alegría. Algún día feliz y lejano tuve el raro privilegio de entrar a su taller y conocer su línea de trabajo: el sentimiento que aún recuerdo es el mismo que siempre me ha inspirado el ingreso al taller de un artista: no siente uno más que sobrecogimiento, emoción y devoción por un trabajo hecho con las manos y el corazón.

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