Un cafe pequeño y muy mono en medio de Angelmo que, aunque desentona un poco, tiene un estilo muy propio de él. Con mesas y sillas hechas de troncos y un ambiente muy tipico del sur. Tienen una buena variedad de tes, cafes, jugos, etc. Y queques caseros muy deliciosos (algunos queques son genericos, hay que pedir los de la abuela) y, por supuesto, una verdadera abuelita de pelo blanco como la nieve atendiendolo. Lugar muy recomendable, con precios accesibles y un sabor perfecto. Su unico problema es que es pequeño y no cabe mucha gente, pero si logran entrar no se van a arrepentir.
Exquisita variedades de té y dulces caseros. Muy recomendable