El cementerio fue fundado en terrenos que donó el Sr. Martín Nicolorich quien a su vez construyó las primeras dependencias y quedó encargado de su custodia. Se habilitó en 1886. En el interior hay una capilla de 1889 junto a las galerías que alojan los nichos más antiguos del campo santo. El portal es de 1929.
Dentro del conjunto, se encuentra indicado el sitio donde existió una fosa común para enterrar a los que murieron por la epidemia que azotó la región hacia la década de 1880. El enterramiento se indica con las lápidas de tres damas –Eliza Taylor, la esposa de Guillermo Kirk, Ernestina Rosenbaum y Agnes Adams, fallecidas entre 1885 y 1886 por la fiebre amarilla
Otro de los monumentos de interés es la tumba de Martín Nicolorich de 1894, quien fue enterrado con su perro. Según la leyenda habría acompañado la tumba de su amo hasta morir de pena. Recordado el hecho por una escultura, de noche se la oía silbar. Hoy ha sido sustituida por otra en hormigón que incluye un orificio para reproducir el hecho